Claudia Asensio
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Responsabilidad en la función empresarial

El principio de no agresión significa estar conscientes de las externalidades que causamos


El imperativo del ser humano es ser.

Es llevar una vida digna de ser llamada humana. Pretender lo contrario es una falacia. La acción humana, en su esencia, genera externalidades. Por ende, la acción humana presenta un dilema ético.

Basar la acción humana en el principio de no agresión significa, entre otras cosas, estar conscientes de las externalidades que causamos y usar un criterio moral respecto a las consecuencias futuras que tendrán nuestras acciones del presente.

Pero no solo debemos estar conscientes, debemos actuar con responsabilidad para evitar consecuencias adversas en el futuro. La ética, entonces, debe ser parte de cómo fabricamos el futuro, igual que el presente.


El principio de responsabilidad se extiende a las acciones humanas que están detrás de la función empresarial y que impactan el entorno social y natural. La función empresarial es la de su perpetuación en condiciones de beneficio, por lo que debe ser muy cuidadosa con los recursos naturales que usa o que podría usar en el futuro. Es un reto que ninguna generación anterior ha tenido que enfrentar al mismo grado que estamos teniendo que enfrentarlo nosotros hoy. La humanidad tiene la capacidad de alterar la naturaleza. El futuro de la naturaleza es una condición esencial para continuar viviendo. Por ende, el interés del hombre coincide con el interés de preservar la Tierra. La preservación de la naturaleza es la condición de nuestra propia sobrevivencia. Esto no quiere decir que la naturaleza en sí tenga imperativos éticos, puesto que la ética corresponde únicamente a los seres humanos y no a los pájaros o a las piedras. Pero, si los seres humanos que alteran la naturaleza, deben tomar responsabilidad por las externalidades negativas generadas, porque esta alteración puede afectar a otros seres humanos.


Proteger los recursos naturales y tomar responsabilidad por externalidades negativas hace sentido económico, puesto que, al hacerlo, se protege el activo y se genera valor a largo plazo. Pero hacerlo, requiere de certeza jurídica.

Si no existe certeza jurídica que defienda la propiedad, nace el incentivo perverso de extraer todo el valor del activo y de no responsabilizarnos por las externalidades negativas que se generan.

Por ende, necesitamos derechos de propiedad estables, claramente definidos y bien ejecutados, para que el interés de los propietarios de tierras y recursos naturales, lo utilicen de manera responsable y que se incentiven a preservar para el largo plazo.

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