Claudia Asensio
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¿Cómo integrar el ser y lograr una vida con propósito?

Actualizado: 23 de oct de 2017


Nuestra vida está basada en cuatro conceptos interactivos del ser humano,


el espiritual, el corporal, el intelectual y el emocional.


Desde pequeños, formamos creencias. Nuestras creencias nacen de las experiencias que vivimos y de la información que recibimos de nuestro alrededor. Adoptamos creencias sobre qué debemos hacer, cómo nos debemos comportar, y qué debemos sentir para poder pertenecer y ser amados, sentirnos seguros y establecer una conexión con los demás. Es un proceso natural, es lo más básico para nuestra sobrevivencia como un ser humano. Las creencias las adoptamos primordialmente de nuestros padres o aquellas personas que nos cuidan, simplemente porque son las personas más importantes en nuestras vidas en ese momento en el tiempo.


Nuestras creencias se convierten en patrones.


Los patrones los manifestamos a lo largo de nuestras vidas a través de nuestra forma de ser y de actuar, en nuestra actitud y nuestras emociones. También podemos llegar a manifestarlos en nuestro cuerpo y en nuestra espiritualidad (o falta de). Es importante tener en cuenta que (en la mayoría de los casos) no es con malicia lo que nuestros padres o quienes nos cuidan transmiten hacia nosotros. Es el resultado de las creencias y los patrones que ellos mismos adoptaron de sus propios padres y que aprendieron a lo largo de sus vidas a través de experiencias vividas y expectativas percibidas.


Existen creencias y patrones positivos y negativos.


Todas nuestras creencias y patrones tienen consecuencias y beneficios. El problema con las creencias y patrones negativos es que su manifestación trae más consecuencias que beneficios, puesto que nos llevan a estados negativos y a actuar de manera compulsiva y contraproducente con nuestra familia, los amigos, en el trabajo y los negocios. Algunos ejemplos de cómo se manifiestan los patrones negativos son tener adicciones, sobre-ejercitar, comer demasiado, actuar con rebeldía, irresponsabilidad, desánimo o mostrar incapacidad aparente. En los negocios, los patrones personales negativos se pueden manifestar en una vista nublada que inhibe la habilidad de ver el largo plazo, en una incapacidad de cultivar confianza, generar trabajo en equipo y lograr metas, en buscar la perfección o el sobre-rendimiento, en no querer tomar responsabilidad por las acciones, o peor aún, en tomar decisiones no-éticas.


La principal fuerza motivacional en el ser humano es encontrar sentido en la vida.


Todos tenemos la libertad y capacidad de elegir cómo respondemos a esos patrones y creencias. El primer paso es estar conscientes de ellos, para luego poderlos sanar e integrar así nuestro cuerpo, intelecto, emociones y espíritu. Con mayor integración tendremos mayor fuerza para encontrar sentido y propósito en nuestro día a día. Viviremos así una vida más auténtica, con amor, compasión y propósito que tendrá efectos multiplicadores con nuestra familia, nuestros amigos, en el trabajo y en los negocios.

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